Habitat Seis
Habitat Seis fue, durante un siglo, la joya del Sistema Omega. El único planeta además de Habitat One capaz de albergar vida de forma natural, fue seleccionado durante la Expansión temprana para el proyecto de colonización más ambicioso que el sistema había intentado. Se terraformaron valles enteros, se construyeron ciudades modelo y, durante generaciones, Seis representó el argumento definitivo a favor de la expansión: que la tecnología humana podía hacer habitable cualquier mundo. La estética de sus colonias en el apogeo, parques abiertos, barrios coloridos, tecnología integrada en la vida diaria, era también el modelo que las corporaciones querían exportar a otros planetas. Un sueño que no solo duró demasiado poco: su caída arrastró a todo el sistema con él.
El colapso
Lo que ocurrió en Habitat Seis no ha sido completamente reconstruido, pero el registro técnico disponible apunta a una cascada de corrupción de Ether sistémica. El proyecto de terraformación utilizó infraestructura densa y sellada, el estándar de la época, en un entorno con una carga de Ether ambiental superior a lo previsto en los cálculos originales. Esa deriva se fue acumulando durante décadas en los sistemas de control, en los filtros de atmósfera y en la red de distribución energética antes de que los primeros fallos fueran visibles. Cuando la situación se volvió irreversible, los protocolos de evacuación ya operaban sobre infraestructura contaminada. Las crónicas de los supervivientes describen efectos que la medicina posterior clasificaría como corrupción de campo extrema: tejidos que reaccionaban a exposiciones anteriores, instrumentos que devolvían lecturas imposibles, zonas donde sonido y distancia dejaban de comportarse con exactitud. Lo que los supervivientes interpretaron como algo sobrenatural era el resultado de Ether degradado saturando cada capa de la colonia al mismo tiempo.
Cuando los reactores de terraformación más antiguos cedieron sin contención, liberaron la carga de Ether acumulada durante generaciones en una onda expansiva que no fue una explosión física sino una resonancia de Ether propagada a través del campo ambiental del sistema. Esa onda fue la Lágrima del Velo. Cuando alcanzó Habitat One y las colonias restantes, se manifestó en los cuerpos como pandemia y en la infraestructura como la Gran Disonancia. Habitat Seis no fue la víctima de la catástrofe: fue su origen.
Un planeta prohibido
Tras la catástrofe, todas las rutas hacia Seis fueron selladas y el planeta declarado inhabitable. El propio gobierno planetario y las corporaciones borraron registros, y durante años su nombre no se pronunciaba en los canales oficiales. Pero el olvido nunca fue completo: expediciones ilegales, contrabandistas y buscadores de Ether han regresado, atraídos por la certeza de que entre la corrupción y la ruina aún quedan riquezas, tecnología perdida y secretos del Ether.
Quién controla el acceso
Nadie, formalmente. El decreto de cuarentena existe en los registros de Habitat One y está respaldado por una resolución conjunta de la Cámara de Comercio que suspendió toda licencia de navegación hacia Seis en 2413 D.E. PulseNet retiró la cobertura de relés activos del sector, lo que convierte cualquier viaje a Seis en un viaje sin licencia, sin comunicaciones certificadas y sin rescate garantizado. Aegis Dynamics no mantiene patrullas permanentes en órbita, pero sí intercepta naves sospechosas en las rutas de acceso cuando tiene recursos para ello. En la práctica, el control es económico, no militar: quien quiere llegar a Seis necesita combustible negro, una nave no registrada y pilotos dispuestos a operar fuera de toda red de protección. El planeta no está bloqueado. Está simplemente excluido del sistema legal, lo que para la mayoría equivale a lo mismo.
Los muertos reanimados que sobreviven en las ruinas no forman una faccion ni tienen agenda propia. Son el resultado directo de corrupción de campo extrema sobre tejido orgánico no descontaminado: cadaveres sin voluntad, sin memoria y sin coordinación más allá de reacción a estimulos de Ether locales. Son un peligro ambiental, como las zonas de carga eléctrica inestable o los conductos de terraformación que siguen activos sin nadie que los monitorice.
Recursos y amenazas
El subsuelo de Seis acumula focos de Ether concentrado, consecuencia directa del colapso de infraestructura que no fue descontaminada sino simplemente abandonada. Esos focos son inestables: en algunos sectores generan campos de carga que hacen fallar instrumentos y degradan tejido vivo con exposición prolongada; en otros se han estabilizado parcialmente y producen cristales resonantes de alta pureza que el mercado negro valora y las corporaciones desean en secreto. El Ether degradado sigue circulando por lo que queda de los conductos de terraformación, saturando cámaras selladas y filtrándose hacia la superficie en puntos que varían con cada ciclo de Ether. Navegar Habitat Seis sin equipo de contención certificado no es solo peligroso: es exponer el cuerpo y los instrumentos a niveles de residuo que ningún protocolo ordinario de purga puede manejar en campo.
El mito de Seis
En el imaginario del Sistema Omega, Habitat Seis es sinónimo de maldición. Los relatos hablan de voces que se escuchan en las calles vacías, de luces en edificios abandonados y de viajeros que vuelven cambiados, marcados por algo que no se puede describir. Oficialmente nadie lo controla, pero tanto Renivit como AISER envían misiones clandestinas en busca de materiales o datos. Lo que encuentran rara vez llega a publicarse.